A Dios, el Eterno: Primeramente, elevamos nuestra voz al cielo para dar gracias al Todopoderoso, nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
Él es el dueño de la mies y quien puso en nosotros el querer como el hacer. Gracias, Señor, por convocarnos en el Distrito 3, por darnos la vida, la salud y la disposición para cumplir la Gran Comisión. Sin tu Espíritu Santo, como bien aprendimos, ninguna obra permanece.
A los Directivos y Misiones Distritales: Nuestro reconocimiento sincero a los directivos por su visión y por autorizar este espacio de formación.
Gracias a Misiones Distrital por la logística, el esfuerzo y por creer que la capacitación es el camino para una evangelización eficaz. Su gestión es el cimiento administrativo donde se edifica esta labor espiritual.
Al Pastor Renson: Gracias, varón de Dios, por dejar a la arenosa y cruzar distancias para ser el instrumento de bendición en nuestras vidas.
Gracias por su humildad, por dejarse usar por el Espíritu Santo y por recordarnos que, más allá de los métodos, lo que importa es el aplauso del Maestro.
Sus enseñanzas sobre Pablo, Bernabé y la obra del Espíritu han dejado una huella profunda en nuestra formación.
Texto Bíblico de Respaldo
Para sellar este tiempo, nos unimos a lo que dice la Palabra en 1 Corintios 3:6-9:
"Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios..."
¡A Dios sea toda la gloria, y que lo aprendido se convierta en almas para Reino de Dios!
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